viernes, 29 de agosto de 2014

LA CULPA COMO ANZUELO



Por: Marytza Fragela

Un anzuelo de culpa actúa como una rienda con la cual se puede manejar a otro en contra de su voluntad, “enganchándolo”, haciendo que se sienta mal con él mismo, culpable.
Por ejemplo, una persona hace que otra la acompañe a hacer algo turbio diciéndole: “Un buen amigo se banca cualquier cosa”.
O alguien acepta ser objeto del enojo de otros sólo porque hizo algo mal, porque se equivocó.
Anatomía de la culpa: el Programa “Bien o mal”.
Para funcionar, un anzuelo de culpa requiere que la víctima acepte varias creencias como si fueran verdades absolutas:

1.- La idea de que las cosas solamente pueden estar en dos estados posibles: o bien o mal.

2.- Que alguien o un grupo de personas pueden saber de manera absoluta cual es cual. Y la más importante con respecto a la culpa:

3.- Que quienes actúan “mal” deben aceptar recibir enojo, malos sentimientos, ataques, desvalorización y peleas por parte de los supuestos “buenos”.

También deben aceptar sentirse mal con ellos mismos, culpables, y sufrir. Es muy importante saber que el ataque, el juicio, el enojo y las peleas, tan diseminados y estimuladas desde múltiples fuentes, son tan corrosivos para la vida, la salud y las relaciones como el ácido.

De ahí la frase: “Enojarse con alguien es como tomar veneno y esperar que le haga daño al otro”. Así de dañinos son el enojo y las peleas. No es cierto que enojarse ayuda a que el otro corrija sus errores, mejore ni cambie sus malas conductas. Todo lo contrario es cierto. De hecho, el enojo hace que la víctima se sienta desvalorizada, mal con ella misma, retraída y cada vez más lejos de tener la auto valoración necesaria para tomarse las molestias que implican cambiar y mejorar.

Lo que sí produce claridad en los malentendidos y en los desencuentros es el dialogo, la negociación, los acuerdos claros, los contratos, las medidas claras de penalización en caso de incumplimiento. Pero nada de eso requiere ni una gota de enojo ni de peleas. Solo buena voluntad y honestidad para negociar las diferencias.

No aceptar anzuelos de culpa no quiere decir que uno no se vaya a hacer responsable de sus actos. Si alguien se compromete a hacer algo y no cumple, debe hacerse cargo de las consecuencias de su incumplimiento, pero eso de ninguna manera equivale a que tiene que aceptar ser víctima de enojo, ataque a su persona ni a su valor.

Cuando alguien comete una infracción, el agente de tránsito no se enoja ni se ofende ni se pelea con él; simplemente le aplica una multa. Hacerse cargo de las consecuencias de los actos sí. Aceptar basura emocional en forma de ataques, juicios, criticismo, enojo, peleas, o desvalorización personal, NO.

 
Cómo se fabrica la culpa:
Lo que deja a una persona indefensa y vulnerable a ser penetrada por la culpa, no es que sea imperfecta, ni que cometa errores, ni que esté loca. La culpa ingresa en el sistema cuando se cae en la trampa de juzgar, criticar, enojarse, atacar, hacer sentir culpable, odiar, abandonar, hacer sentir que alguien no es valioso, que no merece, castigar y cosas por el estilo.

Lo mismo que los bullies (bravucones) le hacen a quien no hizo nada, el anzuelo de culpa permite (y estimula) hacérselas a alguien que hace algo “mal”, según el programa. Como es binario, sin grises, el programa cataloga como “mal” toda imperfección, toda equivocación, todo error.

Es muy importante tener claro que cuando alguien está manejado por el programa, él mismo cae indefectiblemente dentro de la categoría “mal”, ya que nadie, por mejor que sea, está libre de imperfecciones ni de errores.

Todo aquel que tiene el programa, se siente siempre en infracción. Eso es así para asegurar que el anzuelo de la culpa enganche bien. El primer “condenado” a sentirse culpable por el programa es quien lo tiene en su sistema.

Equivocarse puede acarrear consecuencias desagradables, pero es la culpa la que conduce a que la persona se enemiste con ella misma y se auto condene. Cuando se logra que alguien se sienta culpable, mal con él mismo, la persona sola se castiga a sí misma, como un perro que se pone en penitencia por haber mordido una zapatilla. Cuando alguien muerde el anzuelo de culpa, se vuelve manejable, controlable. El programa estimula a atacar la imperfección en los demás y a sentirse culpable con la propia.

Hay que reconocer que aunque sea una reliquia que nos acompaña desde tiempos bíblicos, el programa está muy bien hecho. Se comprende porqué eso es así cuando se recuerda que no está diseñado para ayudar a nadie, sino para hacer que quienes lo tienen se sientan mal consigo mismos, sean débiles, inseguros, temerosos, manejables; que busquen siempre pero que no encuentren nunca.

Para lograr eso, es muy útil generar ambigüedad, inseguridad, falta de claridad, de manera que sin darse cuenta, la persona esté siempre en un estado crónico de sentirse en infracción. Eso se hace con comandos contradictorios ubicados en lugares diferentes.

El mismo programa que dice que hay que atacar el mal también dice “en otro lado”, que atacar está mal. En el marco de ese degradé donde las cosas son tan poco claras como el punto donde el día se transforma en la noche, se despliega la historia humana.

En un extremo de locura, el programa puede exigir ir a la guerra y matar para hacer “el bien”, y en otro extremo de locura, el mismo programa exige, también en nombre del “bien”, tolerar cualquier maltrato sobre uno mismo sin defenderse.

Una forma de ver la contradicción en funcionamiento es observar que aunque en cierto momento podemos babearnos hablando mal de alguien porque cometió una equivocación, no nos gusta que cuando nos equivocamos nosotros o un ser muy querido, hablen mal de nosotros.

La coexistencia de estos dos comandos contradictorios hace que quien critica, juzga, ataca, se enoja o habla mal de los demás, en el fondo se sienta siempre con culpa, por hacer algo que no le gustaría que le hagan a él.

De esta manera tan ingeniosa, el programa engancha cuando la persona se equivoca, y engancha nuevamente cuando la persona condena las equivocaciones de los demás. El ataque alimenta la culpa, y la culpa carcome la auto valoración y la autoestima. La falta de auto valoración es el carísimo precio del ataque, el juicio, el enojo, etc.

Tal precio se paga cuando se necesita amor y auto valoración para hacer algo que requiere tomarse molestias por uno mismo, como por ejemplo, para adelgazar o cambiar una mala conducta. Para tareas así, que requieren perseverancia, esfuerzo sostenido, aceptar nuevos límites para viejas malas costumbres, etc. se necesita quererse y valorarse mucho a uno mismo. Y si uno ha hecho cosas de las que no se siente orgulloso, a la hora de actuar, simplemente le faltará motivación, fuerza y sensación de merecimiento.

El ataque, el juicio, el enojo, etc. dan una vuelta muy muy larga, que va desde sentir la embriaguez morbosa que producen al perpetrarlos, hasta la falta de auto valoración, de merecimiento, de motivación y de fuerzas para hacer cosas buenas por uno mismo.

Quien es capaz de ver todo ese círculo de una mirada, comprende lo tonto y auto destructivo que es atacar, enojarse, etc. y ya no se deja engañar más por esa tentación.

Poco a poco, al no estar más identificado con la lógica auto destructiva, la persona deja de alimentar el ataque, hasta que finalmente, no lo hace más, quedando libre de ataque y llena de humildad y respeto por todo.

Si estas palabras no bastaran para convencer al lector de lo peligroso que es juzgar, atacar, etc. citamos a continuación unas palabras de más de dos mil años de antigüedad que advertían repetidamente del peligro de caer en esta trampa:

“Quien esté libre de pecado que arroje la primera piedra”. “Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que tomen la espada, a espada perecerán”. Mateo 26:52 “No juzguéis, si no queréis ser juzgados. Porque con el mismo juicio que juzgareis, habéis de ser juzgados, y con la misma medida con que midiereis, seréis medidos vosotros”. Mateo 7,1-2 No juzguéis, y no seréis juzgados: No condenéis, y no seréis condenados: Perdonad, y seréis perdonados”. Lucas 6:37

Dr. Leonardo Aronovitz Médico, terapeuta, docente.

martes, 24 de junio de 2014

AUMENTA EL NUMERO DE PADRES QUE ELIGEN QUEDARSE EN CASA


Por Inspiración Femenina
Un interesante artículo del New York Times nos muestra cómo la elección de quedarse en casa a cuidar del hogar y criar a los hijos está empezando a ser cada vez más frecuente entre los hombres.
Nos dice que en los últimos quince años se ha duplicado el numero de padres que adquieren este rol, y que este aumento se debe a aquellos que toman esta decisión como elección personal, no por desempleo o por enfermedad. Esto muestra cambios estructurales en los roles de género dentro de las familias y en el trabajo.
En 1989 había 1,1 millones de padres en casa en EEUU, a diferencia de los 2 millones en 2012. Y una quinta parte de ellos toman esta decisión para cuidar de la familia.
El 35% están en casa por enfermedad o discapacidad; el 23% por desempleo; el 22% estudian o están retirados. El numero de hombres que se quedan en casa como decisión personal debe de ser superior a lo que se sabe, ya que muchos hombres no lo dicen por los prejuicios sociales que aún existen hacia los hombres que se encargan de la casa.

Las razones del cambio son muchas: Las mujeres, (actualmente el 47% de la fuerza laboral) están teniendo cada vez una mayor educación y ganan mas dinero que sus maridos. También puede estar atribuido al cambio de roles dentro del hogar, y que los hombres cada vez participan más en las tareas domesticas y el cuidado de los niños.
La mitad de los padres que se quedan en casa viven en la pobreza y tienen el doble de posibilidades de no tener los estudios de secundaria. El 14% de los padres que cuidan de sus hijos no tienen educación secundaria, mientras que el 3% de ellos tienen estudios universitarios. Pero el aumento está viniendo por parte de aquellos con estudios universitarios, mientras la cifra de aquellos que no tienen la secundaria permanece igual.


Este artículo nos hace reflexionar mucho. Por un lado, nos da cierto gusto saber que hay hombres capaces de quitarse los prejuicios sociales, y que no se les caen los anillos por quedarse en casa. Por otro lado, tambien nos hace pensar que probablemente cuando un hombre se encarga de las funciones del hogar y de la crianza de los hijos, esto no va a ser considerado como una funcion inferior. Lo mismo ha ocurrido en multiples ambitos: en la cocina, por ejemplo, las cocineras de toda la vida, eran ciertamente inferiores. pero al incorporarse los varones a esa funcion, se convirtió en el arte culinario y en algo de caché. Lo mismo ocurrio en la moda, de costureras a diseñadores; y en la peluquería, de peluqueras a estilistas.  Y en el hogar, de amas de casa a padres modernos.

Nos alegramos de la dilucion de prejuicios, y nos alertamos también ante estas nuevas situaciones.
Aquí os dejamos el artículo, que nos ha de hacer reflexionar.

Veremos….

More Fathers Who Stay at Home by Choice
JUNE 5, 2014
Otis Johnson said he never fathomed becoming a stay-at-home father. But soon after he was laid off from his factory job in 2009, his first of two children arrived. And even when his job prospects improved, he made the calculation that millions of mothers had made before him: “By the time I get a paycheck, it all goes to day care, or I can stay home and raise my own children.”
Mr. Johnson is hardly alone.

Despite a recent small decline in the number of fathers who take care of children full-time, their numbers have doubled over the last 15 years, according to new data from Pew Research Center. And the main driver for the growth is the increase in men staying home by choice, not because of unemployment or injury. That shift reveals a structural change in gender roles in families and at work in the United States.
The number of stay-at-home fathers spiked from 2008 to 2010; it was mainly attributed to the recession and rising unemployment, which hit men hardest. So when Labor Department data showed that the number of full-time fathers began declining after 2010, people assumed that the men had found work and hadn’t intended to stay at home in the first place.

For some men, that was true. But taking a longer view shows a marked increase in the number of stay-at-home fathers, to 2 million in 2012 from 1.1 million in 1989, according to Pew. Even if fathers who can’t find jobs are excluded from the data, there is still a notable increase since 1989 in stay-at-home dads, said Gretchen Livingston, a senior researcher at Pew and an author of the report.
The most telling change is that just over a fifth of at-home fathers say the main reason they are home is to care for family, up from 5 percent in 1989, and that segment is the fastest-growing.
Thirty-five percent say they stay home because they are ill or disabled; 23 percent are unable to find work; and 22 percent are in school or retired. (The share of men staying home by choice might also be underreported because of remaining societal expectations of men and work, according to Karen Z. Kramer, assistant professor of family studies at University of Illinois at Urbana-Champaign, who has studied the issue.)

The reasons for the shift are many. Women, now 47 percent of the work force, are increasingly getting more education and earning more money than their husbands, so economic calculations like the one Mr. Johnson made are more common. (His wife, Amy, is a nurse on her way to becoming a nurse practitioner, so they decided she has higher earning potential than he does.)

The change can also be credited to evolving notions about gender roles at home, Ms. Kramer found in her research.
Now that men do more with housework and child care than in previous generations, equal numbers of men and women report trouble balancing work and home life and say they would prefer to stay home if they could afford it.
Money explains some of the trend, but in an unexpected way. Nearly half of at-home fathers are living in poverty, according to Pew, and they are twice as likely to lack a high school diploma. Fourteen percent of fathers who live with their children did not graduate from high school, compared with 3 percent of those with a college degree.
But the increases are coming from those with college education; the share of less-educated fathers has stayed the same.
Jamie Willett is one of the fathers in that growing segment. He has a college degree, did some graduate work and was an independent film producer, modern dancer and photographer. When he and his wife, a
“Ours was a conscious choice,” said Mr. Willett, who lives in San Francisco and has three children, aged 8 to 18.
Public opinion lags the rise in fathers who stay home. In a Pew survey last year, just over half of people said children are better off having a mother at home, while 8 percent said the same about fathers.
Mr. Willett has observed other signs of bias.

“I now know why women are so angry,” he said. “For people in the work world, their opinions on anything are considered more valid than those who just take care of children. Here’s the great line: ‘Well, all you do is hang at the park all day.'
“The gender switch has been difficult because of the outside world, but very rewarding in my internal world,” he said.
Mr. Johnson, who cares for his two children and three stepchildren in Asheville, N.C., has a similar point of view.
“I don’t care what people say about men staying home, that it’s wimpy or other explicit words,” he said. “My daughter a couple weeks ago learned how to hop on one foot and she was just so excited about it. Men who don’t stay home are missing out on some of the crucial moments in the child’s life, and I’m blessed to be able to witness it.”


martes, 6 de mayo de 2014

La Paradoja de la Felicidad Femenina Decreciente

Por: Inspiración Femenina


Recientemente, Betsey Stevenson y Justin Wolfers, ambos investigadores de la escuela de negocios y políticas de la Universidad de Pensilvania, han sacado a la luz su investigación sobre cómo la felicidad de la mujer, a pesar de todos sus logros en cuanto a la mejora de sus condiciones, está decreciendo. Obviamente sus investigaciones abarcan mujeres de Estados Unidos y de los países desarrollados. Es importante mencionar que estas encuestas se han realizado en todo tipo de mujeres: amas de casa, casadas y divorciadas: mujeres que trabajan; mujeres jóvenes y adultas; con altos y bajos niveles de educación.
Nos han parecido interesantes sus argumentaciones, por lo cual, hemos querido compartirlas con ustedes.
El trabajo, en resumen, dice que las vidas de la mujeres en los Estados Unidos ha mejorado considerablemente en los últimos 35 años, sin embargo, los indicadores del bienestar subjetivo nos dicen que la felicidad de la mujer ha decrecido con respecto a la del hombre. En los años 70, estos resultados eran completamente al revés, es decir, la mujer era más feliz que los hombres, con lo cual, dicen, está surgiendo una nueva desigualdad de genero.
La pregunta obligada sería ¿Por qué la mujer está perdiendo felicidad?  ¿Si los salarios poco a poco van siendo más equitativos,  tenemos acceso a una educación, tenemos control de natalidad, múltiples aparatos y tecnología domestica para liberarnos del trabajo domestico y nuestro mundo se ha expandido fuera de este mismo ámbito domestico, por que somos más infelices?
Obviamente, la expansión de las oportunidades de la mujer han tenido sus costos, y estos costos han beneficiado enormemente a los hombres, y estamos hablando de la participación de la mujer en la fuerza laboral. Muchas veces ya hemos comentado que la mujer no supo negociar bien su situación antes de incorporarse al mundo laboral. El hombre sigue haciendo lo que antes hacía, salir a trabajar, con la suerte de que ahora ya no lleva el peso de la manutención, ahora es trabajo de ambos generalmente. En cambio, la mujer ha tenido que duplicar su trabajo, la doble jornada laboral, como le hemos llamado, tiene a las mujeres bajo un constante estrés ya que después de su jornada laboral normal, tiene que llegar a casa a limpiar, hacer la cenar, cuidar a los niños etc. Si tiene suerte, el hombre le ayudara un poco.
Los hombres suelen tener espacios en los que pueden desfogar ese estrés. Ir a ver el futbol con los amigos, tomarse una copita después del trabajo, algún deporte… pero no es frecuente que la mujer pueda tener estos espacios, con lo cual, su estrés solo va en aumento.
El trabajo expuesto argumenta que otra de las causas puede ser el control de la natalidad. Nos dicen que claramente este control de la natalidad ha beneficiado también mucho a los hombres. La libertad sexual que vino con la pastilla anticonceptiva ha puesto una presión sobre la mujer para tener relaciones sexuales casuales. Pensamos que esto es motivo de infelicidad porque la mujer es un ser emocional y precisa generalmente de tener algún grado de sentimiento hacia la persona con la cual mantiene relaciones, pero hoy en día las cosas son diferentes. Las mujeres nos hemos convertido en objetos sexuales y en el fondo lo sabemos.
Otro de los factores que argumentan a esta felicidad decreciente, es que los seres humanos tendemos a basar nuestro bienestar comparando. Si las mujeres comparan su bienestar con el del hombre, pueden tener una percepción de que no están llegando a sus metas. A este respecto solo podemos decir que comparar la situación de la mujer con respecto al hombre puede ser engañosa, por la simple razón de que no somos hombres. Y con esto no queremos decir que no pidamos los mismos derechos que tienen los hombres para poder evolucionar, lo que queremos decir es que la creciente masculinización de la mujer (actuar como haría un hombre), puede estar dejándonos una sensación de vacío e infelicidad.
Sin duda, existirán muchos más factores que puedan estar haciendo que la mujer no se sienta feliz en general, lo importante es descubrir que, aunque lo intuíamos, hay algo que no estamos haciendo bien.

Inspiración Femenina lleva años tratando de difundir la idea de que es urgente que la mujer encuentre su identidad, y pensamos que quizás ese es el fondo de esa falta de felicidad completa. Hemos creído que todo lo que hemos conseguido, nosotras lo queríamos, pero tal vez, fue algo que nos dijeron “que queríamos”, sin ser así. No nos hemos detenido a pensar en cómo haríamos las cosas para que de verdad nos resulten satisfactorias, y esa es la verdadera liberación femenina, quizás la única que nos dejará de verdad aprovechar lo que hemos conseguido: hacer las cosas como mujeres, no como hombres vestidos de mujeres.

martes, 18 de marzo de 2014

MUJERES JUDIAS ATRAPADAS EN MATRIMONIOS FRACASADOS

Por Lola Bahr

“Agunah” significa en hebreo encadenada. Así llaman a las mujeres que están casadas en matrimonios fracasados, relaciones rotas, las cuales pueden durar años y años.
Antiguamente se las llamaba así a aquellas mujeres que se quedaban solas porque el marido se había ido a la guerra y no había vuelto, ni se sabía nada de su existencia, si estaba vivo o no; al no haber pruebas para ello, la mujer quedaba casada pero sin marido, y no tenia derecho a casarse de nuevo, ni a tener relaciones con otros hombres.
La situación actual es que ellas se quieren divorciar pero ellos no aceptan, y si una de las partes se niega, no hay divorcio. Así es como quedan “encadenadas”.
En Israel toman ciertas medidas ante este tipo de situaciones, pero algunos hombres prefieren estar en la cárcel antes que dar los papeles necesarios para el divorcio, otros simplemente se van del país y estando en otro lugar, las leyes cambian, así que simplemente se niegan y nada más se puede hacer. Y también los hay que ceden, pero claro, después de amenazarle el cierre de la cuenta bancaria, la retirada del carnet de conducir y/o multándolo.
Esta semana las organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres Yad La'isha y Mavoi Satum señalan una cifra global de agunot de varios miles y sostienen que más mujeres judías sufren de extorsión financiera y de custodia de sus maridos para obtener un divorcio.
Anualmente marcan su lucha el Día Internacional de la Agunah, que este año cayó el 13 de marzo.
Esta semana, las organizaciones se reúnen con el Comité para la Promoción de la Mujer en el Parlamento israelí para tratar el tema.
También habrá un festival de cine que destaca a las mujeres y la religión, una campaña en Facebook para crear conciencia y una concentración en el centro de Jerusalén.
Todas las mujeres se pondrán máscaras blancas para ilustrar la falta de poder que tienen en sus vidas.

Con esta breve introducción les invito a que lean el artículo de la BBC adjunto, que de verdad, merece la pena.



Las mujeres judías atrapadas en matrimonios fracasados

 Martes, 18 de marzo de 2014


Novia judía
En el rito judío ultraortodoxo el velo de las novias representa su virginidad.
Se calcula que en la sociedad judía hay miles de mujeres en matrimonios rotos, en los que sus maridos se niegan a darles los documentos religiosos necesarios para el divorcio. En algunos casos, la esposa puede permanecer atrapada en esa situación durante años, ante la imposibilidad de rehacer su vida.
Shoshana se siente sola. Ha criado a sus tres hijos durante casi 15 años sin ayuda. No es una viuda ni está divorciada, sino que es lo que se conoce en hebreo como una agunah, o mujer "encadenada", debido a que como judía, aunque quiera, no puede liberarse de su matrimonio.
En el judaísmo, para que una pareja se divorcie, la mujer debe pedirle al marido un get, un documento para el trámite. Pero algunos esposos se niegan.
Shoshana vive en Israel y su marido vive en Estados Unidos, pero a pesar de que una corte judía local le exige darle el divorcio, todavía no lo ha hecho.
Como judía devota, se le prohíbe salir con alguien, volver a casarse o tener ninguna clase de relación con otro hombre hasta que se divorcie.
"Una mujer cuyo esposo se niega a darle el divorcio es realmente rehén de su matrimonio", dice Shoshana. "Es la forma más extrema de abuso emocional, porque él la está confinando a la soledad".
El marido de Shoshana, Aaron, afirma que está peleando por derechos de custodia y visitas a sus hijos, ya adolescentes.
En un correo electrónico, escribió que su esposa se niega a aceptar un divorcio que le permita "cualquier acuerdo razonable de custodia y visitas garantizadas" y que está dispuesto a darle el divorcio si acepta sus condiciones.
Él sostiene que si ella no hubiera levantado "barreras a mi derecho a una relación garantizada y normativa con mis hijos, ambos ya nos habríamos vuelto a casar".

De mutuo acuerdo

Shoshana
Shoshana: "No he tenido contacto físico con un hombre en 15 años".


Al igual que el hombre debe conceder un divorcio, una mujer debe aceptarlo, pero hoy en día en Israel, sólo hay uno o dos hombres considerados "encadenados", en comparación con más de 100 mujeres, según el rabino Eliahu Maimon, encargado de las agunot (encadenadas) para la administración de justicia judía.
"En la ley judía, el matrimonio se celebra con total acuerdo de ambas partes, así que cuando se divorcian, también se requiere el acuerdo de ambos", explica Maimon.
"El matrimonio es una nueva realidad espiritual entre un hombre, una mujer y Dios. Es sagrado y, cuando deseas romper esa conexión espiritual, se debe hacer con propiedad".
En tiempos antiguos, una agunah era una mujer cuyo marido se iba a la guerra y nunca regresaba. Se desconocía si estaba vivo o muerto y la mujer no podía volver a casarse sin pruebas.
Actualmente esos casos son raros y cualquier mujer cuyo esposo se niegue a ir ante la corte judía para el proceso de divorcio es considerada una agunah.
Entretanto, Shoshana sigue prisionera dentro de su matrimonio. Ahora tiene 43 años y, si cuando era más joven pensaba en la posibilidad de volver a casarse y seguir con su vida, teme haber perdido esa oportunidad.
"No se me permite salir con otros hombres, ni pasar tiempo sola con otros hombres", comenta, porque sería considerada "una mujer adúltera".

Reformar la ley

Artículos de la boda judía
Según la ley judía, un hombre debe manifestar su conformidad antes de que su esposa pueda divorciarse.


El caso de Shoshana lo está manejando una abogada que también es asesora de la Corte Rabínica especializada en la ley judía, Tehilla Cohen, quien representa a las agunot en el sistema judicial judío.
Están esperando que la corte decida si adoptará métodos para forzar a su esposo a darle el divorcio, lo cual suele funcionar en Israel, pero no tiene poder real sobre alguien que vive en el exterior.
En Israel, una vez que la Corte Judía falla que el hombre le debe dar a su mujer el divorcio, si no cumple, le pueden aplicar sanciones civiles, incluyendo quitarle su licencia de conducir, cancelarle sus tarjetas de crédito y cerrarle su cuenta bancaria, multándolo y, en casos extremos, encarcelándolo, afirma Maimon.
Estas medidas suelen ser suficientes para convencer a un hombre que otorgue el divorcio a su esposa, aunque hay numerosos individuos presos en Israel y aún así se niegan obstinadamente a liberar a sus mujeres.
En el caso de Shoshana, debido a que su marido reside fuera, un decreto de la Corte Judía forzándolo a otorgarle el divorcio sólo implicaría que fuera rechazado por su comunidad judía local.
El rabino Maimon dice que actualmente está trabajando en impulsar dos nuevas leyes para ayudar a resolver estos asuntos.
La primera daría a las cortes judías más poder para restringir las vidas de los presos, por ejemplo limitando sus visitas y llamadas telefónicas.
La otra declararía delito negarse a otorgar un divorcio, permitiendo así la extradición para lidiar con los esposos israelíes que huyen a otros países para refugiarse.

Campaña en Facebook

Foto de la boda de Shoshana
Los activistas dicen que hay miles de mujeres judías "agunot" o encadenadas.


Las organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres Yad La'isha y Mavoi Satum señalan una cifra global de agunot de varios miles y sostienen que más mujeres judías sufren de extorsión financiera y de custodia de sus maridos para obtener un divorcio.
Anualmente marcan su lucha el Día Internacional de la Agunah, que este año cayó el 13 de marzo.
Esta semana, las organizaciones se reúnen con el Comité para la Promoción de la Mujer en el Parlamento israelí para tratar el tema.
También habrá un festival de cine que destaca a las mujeres y la religión, una campaña en Facebook para crear conciencia y una concentración en el centro de Jerusalén.
Todas las mujeres se pondrán máscaras blancas para ilustrar la falta de poder que tienen en sus vidas.
Si bien Shoshana no está segura que pueda volver a casarse, aún conserva la esperanza de que algún día será libre para decidir por sí misma.
"Alguien en mi situación siempre espera que tal vez algún día lo decida, quizás ocurra algo y finalmente lo convenciera de dejarme libre".


 Fuente:

http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/03/140313_cultura_mujeres_judias_atrapadas_matrimonio_jgc.shtml


miércoles, 12 de febrero de 2014

¿Cómo se siente ser mujer “mayoría oprimida"?



Por Ana BCamponovo

Hoy lo hemos encontrado subtitulado, es impactante. Hay tantas cosas que agreden a una mujer, tantas que hemos engrosado nuestra piel para no sentirlas, para ser indiferentes, para vivirlo como “lo normal”. Esa normalidad enferma en la que nos hemos acostumbrado a vivir durante generaciones, se pone en evidencia en este corto de origen francés y aplicable a cualquier cultura. Las mujeres somos la “mayoría oprimida”. Algunos hombres empiezan a darse cuenta.
Mas aún falta mucho para que las mujeres de este planeta sean capaces de reaccionar ante lo que se supone un estilo de vida convencional. Mucho, para que las jóvenes dejen de reír cuando un chico las llama amistosa, graciosamente, “puta” o la acaricia haciéndole ver que es su “gatita” o su “perrita”, como es el estilo de algunos jóvenes de hoy. Falta mucho para que las adultas dejen de considerar la belleza a través de las modas. Falta mucho para que muchas mujeres se crean con derecho de tener sus propios sueños e ideales. Y eso es producto de milenios de opresión… y la OPRESIÓN es MALTRATO.


martes, 11 de febrero de 2014

FEBRERO Y... ¿EL AMOR?

Por Milagros García-Bueno
El mes de Febrero está lleno de curiosidades, principalmente las que nos evocan la idea de los “amantes”, por aquello de San Valentín, una fiesta de orígenes diversos.
Unos dicen que la Iglesia Católica aprovechó el momento de un popular rito pagano de fertilidad, en honor al dios Lupercus. Otros cuentan que en época romana, a los guerreros no se les permitía contraer matrimonio, porque eran más libres de ir a la guerra si no tenían responsabilidades de mujeres o hijos. El Obispo Valentín, amigo de los jóvenes amantes, los casaba a escondidas. Un día el Emperador Claudio II mandó llamar al Obispo para que se convirtiera en pagano y dejara de hacer esas uniones, pero San Valentín no renunció a su Fe y el Emperador lo mandó decapitar.
 
Y entre estas historias de amores y de amantes, quisiéramos recordar la vida de una mujer que profetizó que “no moriría del todo, porque algo la haría continuar viva”. Nos estamos refiriendo a Rose-Alphonsine Plessis, conocida mundialmente como “La Dama de las Camelias” (Francia 1824-1847). Conozcamos brevemente su historia.
Su madre, camarera en el castillo de los Condes de Hays, se enamoró de un vendedor ambulante de pésima reputación.  Años de infierno, donde el marido llegaba borracho, la maltrataba, la pegaba, la traicionaba. A él le hubiera gustado tener un hijo, pero sin embargo tuvieron dos hijas, lo que le desencadenó reacciones brutales contra la mujer y las niñas: ataques de ira, torturas, agresiones incluso a los vecinos; hasta que un día quemó la casa y huyó. La madre murió y las niñas quedaron bajo la tutela de una tía.
El padre volvió y recuperó a Alphonsine (la otra hija ya era mayor de edad y trabajaba). La puso a trabajar, intentó venderla a una caravana de zíngaros, luego a un grupo de saltimbanquis, hasta que la dejó con un viejo pervertido a cambio de dinero.
Alphonsine cambiaba a menudo de trabajo y le iban gustando los vestidos caros y la compañía de los hombres. Llegó a Paris, donde empezó pidiendo limosna, trabajando en una lavandería y como dependienta en una tienda de moda.
Con 15 años era muy hermosa: cabello largo, ojos grandes y negros,  labios rojos como las cerezas y piel de porcelana.
 
Como trabajar tantas horas no le gustaba mucho, en cuanto apareció el primer hombre que la ponía un apartamento y la mantenía, aceptó inmediatamente. En dos años se convirtió en la cortesana por la que tantos hombres eran capaces de gastar cientos de francos en ella, comenzando así una larga historia de amantes. Ministros, Condes, etc., de los que aprendió los modales de la alta sociedad, se educó, leyó libros y adoraba el teatro. Es aquí cuando cambia su nombre por Marie Duplessis, con la idea de parecer de origen más noble. Así, empezó a frecuentar el Café de París, lugar predilecto de escritores como Musset, Balzac, Sue, Dumas (padre).
Su pasado no le permitió cambiar de vida y confesaba a una amiga que era la sociedad la que le obligaba a ser lo que era. Era elegante, de encanto y gustos refinados, hablaba y se comportaba como una dama, lo que le hizo estar siempre rodeada de ricos, financieros, nobles, intelectuales, les gustaba a todos, pero ella no quería creer en el amor.
Su apodo –Dama de las Camelias- viene de la alternancia del color de las camelias con las que se adornaba (rojas para los días de la menstruación y blanca para el resto), lo que se convirtió en un argumento curioso entre las gentes. Estar en Paris y no conocer a Marie Duplessis quería decir que no eras nadie.
Nada la hizo renunciar a su modo de vivir, ni amantes ni lujo ni teatro ni bailes, Marie estaba conquistada de la libertad de elegir.
Contrajo matrimonio en Londres con un noble, pero solamente porque necesitaba el título de condesa para seguir al hombre que en aquel momento la había fascinado: Franz Liszt. Pero el músico no la aceptó porque una cortesana podría perjudicar mucho su reputación.
Marie enfermó de tuberculosis y sabiendo que estaba condenada a morir, se abandonó a todos los excesos, presa de un loco frenesí, aunque los doctores le mandaron reposar. Finalmente falleció el 3 de Febrero de 1847.
Y ahí fue cuando tomó forma su profecía de que algo le haría continuar viva. El escritor Alexandro Dumas (hijo) la inmortalizó en su obra “La Dama de las Camelias”, novela que posteriormente fue la inspiración para la opera de Giuseppe Verdi, “La Traviata”.
Dos historias: la de Marie Duplessis y la de San Valentín que sucumben por el materialismo: antes, ahora… ¡¿siempre?!
¿Por qué tenemos que hacer de la idea del “amor” una excusa para incrementar el consumo? En Marie Duplessis tuvo más fuerza el lujo que el amor y con San Valentín, que dio su vida por su Fe y por cumplir con esa unión de los amantes, su acción se ha convertido en una fiesta comercial, sin un significado especial, que celebran más del 70% de los solteros.
Tiendas, radio, televisión, películas, revistas…. Todo un mundo, toda una manipulación económica entorno a un mes de Febrero que nos inunda de rojos corazones: el rojo como símbolo de la pasión y el corazón símbolo del amor. Una pasión y un amor codificados por un marketing comercial que elimina la posibilidad al hombre de ser creativo y espontáneo, de expresarse libremente y quedarse con las ganas de decir lo que siente, imposibilitado sin saber por qué. Y si no eres así, si no sigues la línea mercantilista, no estás dentro de la norma, dentro de lo establecido, no vas a la moda.
Con tantos materialismos se pierde la faceta creativa del ser y firmamos la fecha de caducidad de la especie, porque nos llenamos y nos llenamos hasta que un día, ya caducos, llegaremos a explotar.
Tenemos que generar un poco de fervor, un instante de pasión, de recomponernos en lo que es nuestra posición. Saber que en amores estamos asistidos por esa Fuerza, cuando noto su mano, cuando miro sus ojos... y ¡es gratis!
El Amor Divino se expande… ¡Amantes…! ¡Amores…! ¡Inmortalidad…! Una posibilidad que nos puede llevar a  reencontrarnos con nuestros orígenes, a unirnos con esa Fuerza Creadora, de la que el hombre, con su materialismo, cada vez se aleja más. Que no sólo sea Febrero, sino siempre, el momento ideal para hacer resplandecer el Amor Divino.
¡Elijan ustedes!